El chocolate de mesa es el que se derrite en agua o en leche para el desayuno, y durante generaciones se hizo en casa, con el cacao del patio y un molino de mano. Este taller recupera ese oficio en una tarde, con los mismos pasos que seguimos en el taller cada semana.
Empezamos probando granos en distintos puntos de fermentación para entender de dónde viene el sabor. Luego tostamos, descascarillamos y molemos, primero a mano y después con el molino, hasta que el grano se convierte en una pasta brillante que huele a chocolate caliente.
Con esa pasta cada persona forma sus propias pastillas, que se dejan enfriar mientras preparamos una ronda de chocolate caliente para compartir. Es un trabajo manual, sencillo y un poco pegajoso, que no requiere experiencia en la cocina.
Te llevas a casa lo que hagas, la receta escrita y, sobre todo, la costumbre de mirar el chocolate de otra manera. Los grupos son pequeños para que todo el mundo pueda usar el tostador y el molino.